miércoles, 23 de mayo de 2012


Sobre Instagram, y que todo tiempo por pasado fue mejor.


Para hablar de Instagram, debería hacer antes dos aclaraciones.  Para los que no cuentan con el dispositivo, quizás no sepan que se trata además de una red de intercambio al estilo de Flickr. Y segundo que podríamos atravesar mientras pensamos juntos, a la lomografía en general, lo vintage en relación a la moda, la construcción del gusto, la profesionalización y la masificación de la fotografía.
En cuanto a la fotografía creo que no se puede hacer una valoración negativa en cuanto a su masificación o la degradación de algún tipo de gusto, cuando justamente este ha sido su origen. En sus primeros días, la fotografía, fue una forma más barata de realizar retratos para la clase burguesa, que buscaba imitar el status social de la aristocracia y no podía costear un pintor. En cuanto tal, no fue considerado un arte en aquel momento. Cuando decimos que la burguesía buscaba su propio status, decimos que su nuevo medio expresivo emergente también.
No podemos simplemente quejarnos de que aquel que tenga una tecnología más cara, resuelva más pronto algunas cuestiones, es el quid de la fotografía. Es una cuestión de status social, y en cuanto Instagram simula a las cámaras lomo, es una masificación (muy relativo de todos modos), por ende positiva, mayor cantidad de personas puede acceder a partir de un teléfono celular, frente a los costos que implican los rollos analógicos.
A título personal consideré siempre, por estas cuestiones del gusto construido, muy poco estéticas las fotografías de celular, y muy molestas en su reproducción no solo en las redes sociales sino también en los medios masivos de comunicación. O bien ver fotografías en redes sociales sin ningún otro criterio que su status social, o ni siquiera, la repetición, su abundancia me fatigaban. Siempre pensaba que poner algo en una red social implicaba saber que del otro lado había alguien mirando y habría que pensar a conciencia cómo hacerle más llevadera la lectura. Y evitar por ejemplo la repetición de tomas. Pero este era solo mi lado más oscuro que les estoy confesando.
En lo personal,  prefiero ver este tipo de fotografías serializadas, que por cierto no tienen grandes pretensiones, más que hacer de una mala calidad de fotografía de celular algo un poco más amigable a la vista.
Debería hacer otra salvedad. Esta vez sobre la lomografía, quisiera diferenciarla de las cámaras diseñadas para la misma, las cámaras lomo. Cuando conocía por primera vez la lomografía, se relacionaba con unos cuantos recursos fotográficos rápidamente decodificables, pero era difundida en Argentina, en el contexto de en un festival de bandas hace más de diez años, como una idea de fotografía espontánea. Daba una serie de instrucciones y cualquier cámara podía servir. Eso ya nos dice suficiente del público al que apuntaba. La “pobreza estética” (en relación a los errores fotográficos, aún aleatorios, pero buscados)  no necesariamente se relaciona a una pobreza de recursos económicos.
Una vez en un foro se estaba discutiendo sobre el lente de holga para una cámara digital. Algunos foristas estaban horrorizados con la idea, de que frente a la posibilidad de contar con una tecnología de gran definición, las personas buscaran estas imágenes de “mala calidad”. Aún más cuando los programas de edición permiten realizarlo a posteriori.
Respecto del arte lomográfico en general, si bien vemos constantemente una gran repetición de recursos, como sucede en general en fotografía o en música por qué no, siempre esta aquello que nos hace despuntarnos en una gran fotografía. ¿Cómo se logra? Cualquiera de nosotros puede saberlo, puede saber cuándo una foto no busca más que ser pretenciosa, cuándo esta el sujeto presente detrás, cuándo nos quiere hacer un guiño, una referencia hacia algo más, y que son aquellos que con una cámara digital o una lata saben trascender ese detenimiento en el tiempo. Y puedo contar varios entre mis conocidos que su persona trasciende al aparato, y varios que con sus pequeñas fotos de celular, quizás porque antes no se les ocurrió que esa foto era digna de un retoque digital, están descubriendo cómo una foto cotidiana puede decir mucha más que eso.
A final de cuentas la discusión, si es que existe, no se puede vincular a un tipo de nueva tecnología o aplicación en particular.
Probablemente lo que me lleve a pensar en estas cuestiones sea cuando es tan evidente cómo funcionan las industrias, la moda, el gusto. Pero las inquietudes que eso generan, se hacen presentes en realidad cuando nos olvidamos que somos constantemente atravesados como sujetos, en nuestros medios de expresión, por las estructuras de las que formamos parte. Cuando nos olvidamos de que en realidad no somos sujetos libres a nuestra invención. Pero acá no hay lugar para la culpa. Como problema que excede puntualmente la cuestión de la lomografía, lo vintage, teléfonos celulares y la construcción del gusto, no tengo más pretensión que de hacer explícita la cuestión, y no solo sentarme a hacer un intento crítica estético-social, y jugar el rol asignado.

Para el que le interese comenzar a leer sobre fotos, para comenzar: libros que me inspiran y en los cuales no podía evitar pensar sobre esta cuestión (consultar por préstamos):

·         La fotografía como documento social. Giselle Freund
·         La cámara lúcida. Roland Barthes
·         La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica. Walter Benjamin


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