Sobre Instagram, y que todo tiempo por pasado fue mejor.
Para hablar de Instagram, debería
hacer antes dos aclaraciones. Para los
que no cuentan con el dispositivo, quizás no sepan que se trata además de una
red de intercambio al estilo de Flickr. Y segundo que podríamos atravesar
mientras pensamos juntos, a la lomografía en general, lo vintage en relación a
la moda, la construcción del gusto, la profesionalización y la masificación de
la fotografía.
En cuanto a la fotografía creo
que no se puede hacer una valoración negativa en cuanto a su masificación o la
degradación de algún tipo de gusto, cuando justamente este ha sido su origen.
En sus primeros días, la fotografía, fue una forma más barata de realizar
retratos para la clase burguesa, que buscaba imitar el status social de la
aristocracia y no podía costear un pintor. En cuanto tal, no fue considerado un
arte en aquel momento. Cuando decimos que la burguesía buscaba su propio status,
decimos que su nuevo medio expresivo emergente también.
No podemos simplemente quejarnos
de que aquel que tenga una tecnología más cara, resuelva más pronto algunas
cuestiones, es el quid de la
fotografía. Es una cuestión de status social, y en cuanto Instagram simula a
las cámaras lomo, es una masificación (muy relativo de todos modos), por ende
positiva, mayor cantidad de personas puede acceder a partir de un teléfono
celular, frente a los costos que implican los rollos analógicos.
A título personal consideré
siempre, por estas cuestiones del gusto construido, muy poco estéticas las fotografías
de celular, y muy molestas en su reproducción no solo en las redes sociales
sino también en los medios masivos de comunicación. O bien ver fotografías en
redes sociales sin ningún otro criterio que su status social, o ni siquiera, la
repetición, su abundancia me fatigaban. Siempre pensaba que poner algo en una
red social implicaba saber que del otro lado había alguien mirando y habría que
pensar a conciencia cómo hacerle más llevadera la lectura. Y evitar por ejemplo
la repetición de tomas. Pero este era solo mi lado más oscuro que les estoy
confesando.
En lo personal,
prefiero ver este tipo de fotografías serializadas, que por cierto no
tienen grandes pretensiones, más que hacer de una mala calidad de fotografía de
celular algo un poco más amigable a la vista.
Debería hacer otra salvedad. Esta
vez sobre la lomografía, quisiera diferenciarla de las cámaras diseñadas para
la misma, las cámaras lomo. Cuando conocía por primera vez la lomografía, se
relacionaba con unos cuantos recursos fotográficos rápidamente decodificables,
pero era difundida en Argentina, en el contexto de en un festival de bandas
hace más de diez años, como una idea de fotografía espontánea. Daba una serie
de instrucciones y cualquier cámara podía servir. Eso ya nos dice suficiente
del público al que apuntaba. La “pobreza estética” (en relación a los errores
fotográficos, aún aleatorios, pero buscados) no necesariamente se relaciona a una pobreza
de recursos económicos.
Una vez en un foro se estaba
discutiendo sobre el lente de holga para una cámara digital. Algunos foristas
estaban horrorizados con la idea, de que frente a la posibilidad de contar con
una tecnología de gran definición, las personas buscaran estas imágenes de “mala
calidad”. Aún más cuando los programas de edición permiten realizarlo a posteriori.
Respecto del arte lomográfico en
general, si bien vemos constantemente una gran repetición de recursos, como
sucede en general en fotografía o en música por qué no, siempre esta aquello
que nos hace despuntarnos en una gran fotografía. ¿Cómo se logra? Cualquiera de
nosotros puede saberlo, puede saber cuándo una foto no busca más que ser
pretenciosa, cuándo esta el sujeto presente detrás, cuándo nos quiere hacer un
guiño, una referencia hacia algo más, y que son aquellos que con una cámara
digital o una lata saben trascender ese detenimiento en el tiempo. Y puedo
contar varios entre mis conocidos que su persona trasciende al aparato, y
varios que con sus pequeñas fotos de celular, quizás porque antes no se les
ocurrió que esa foto era digna de un retoque digital, están descubriendo cómo
una foto cotidiana puede decir mucha más que eso.
A final de cuentas la discusión,
si es que existe, no se puede vincular a un tipo de nueva tecnología o
aplicación en particular.
Probablemente lo que me lleve a
pensar en estas cuestiones sea cuando es tan evidente cómo funcionan las
industrias, la moda, el gusto. Pero las inquietudes que eso generan, se hacen
presentes en realidad cuando nos olvidamos que somos constantemente atravesados
como sujetos, en nuestros medios de expresión, por las estructuras de las que
formamos parte. Cuando nos olvidamos de que en realidad no somos sujetos libres
a nuestra invención. Pero acá no hay lugar para la culpa. Como problema que
excede puntualmente la cuestión de la lomografía, lo vintage, teléfonos celulares
y la construcción del gusto, no tengo más pretensión que de hacer explícita la
cuestión, y no solo sentarme a hacer un intento crítica estético-social, y
jugar el rol asignado.
Para el que le interese comenzar a leer sobre fotos, para comenzar: libros
que me inspiran y en los cuales no podía evitar pensar sobre esta cuestión
(consultar por préstamos):
· La fotografía como documento social. Giselle
Freund
·
La cámara lúcida. Roland Barthes
·
La obra de arte en la época de su
reproductibilidad técnica. Walter Benjamin

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