miércoles, 14 de noviembre de 2012

Un año para recordar


Análisis de las identidades construidas en el anuario “Argentinos - retratos de fin de milenio” y su objetivo de constituirse como documento histórico.





“El problema no es que la gente recuerde por medio de fotografías, sino que tan sólo recuerda las fotografías.” Susan Sontag (2003, 39)

 “Ese objeto/libro debería quedar en cada familia para ser visto por hijos y nietos y sucesivas descendencias. Además, pensamos también en agregar páginas limpias al final para que cada familia pudiera pegar sus fotos (...) y que el todo quedara como un documento de la época”. Entrevista con Diego Goldberg.

“La gente cambia, la identidad pertenece”. Publicidad del grupo Clarín


Introducción
El objetivo general del presente trabajo es abordar un objeto perteneciente al mundo del fotoperiodismo, el anuario fotográfico entregado por Clarín con motivo del nuevo milenio. Y reconstruir algunas de las elecciones técnicas y estéticas que producen el efecto de sentido buscado explícitamente: la representación de la sociedad contemporánea al momento de su publicación. Los aspectos analizados serán desde el contexto histórico y las elecciones en cuanto a lo técnico y estético.
Para el análisis se procederá a una división arbitraria de temas sobre los cuales reflexionar, para lo cual el título del libro será tomado como organizador. Se indagará en un comienzo acerca de a qué se referían con el título los productores del anuario, es decir el diario Clarín, Diego Golberg (el editor fotográfico a cargo) y el grupo de Fotógrafos, productores y escritores, a través de la construcción del mismo, con diversos grados de responsabilidades y decisión. “Argentinos - retratos de fin de milenio”, puede separarse en unidades temáticas, donde Argentinos remite a la cuestión de la identidad, y la pretensión de abarcar la representación de toda una sociedad en un conjunto grande de fotografías; retratos señala una elección sobre las técnicas fotográficas y el fin de milenio da cuenta del clima social que se estaba atravesando. A fines de organizar mejor el relato  se empezará por el contexto, luego se indagará sobre las decisiones fotográficas y por último se comprenderá cómo estos dos aspectos influyen en la construcción de una identidad, aquella que se buscó cristalizar para el recuerdo.

Fin de milenio: contexto político, económico y social.
El clima de fin de siglo o milenio (en este caso), trae aparejada una noción de cierta conciencia de crisis, y una suerte de fin del mundo. Para mostrar un ejemplo, alcanza con recordar el famoso apocalipsis informático Y2K. Como si un pasaje de siglo o milenio necesariamente se tuviera que corresponder necesariamente con un antes y un después histórico, marcado por grandes cambios sociales.
El año 2000 estaba cerrando una época particular de la historia argentina: los 90. En su mayoría atravesada por la experiencia del peronismo menemista, cuyas principales características fueron para muchos el origen de la crisis económico-política más profunda del siglo y la instauración de un poder snob, amante del jet-set, de la frivolidad y del descaro.  Las privatizaciones, las concentraciones de capital, el crecimiento de la deuda externa, sumado a la gran corrupción del sector público fue generado un clima de apatía política en la población. Como se observará luego a través de las fotos hay poca presencia del estado, y se  destaca la centralidad del mercado: hay cantidad de profesionales del ámbito privado representados. Desde el punto de vista del Studium, categoría que Barthes (1989) usar para referirse al estudio cultural de la fotografía, interesa comprender desde la fotografía el contexto sociocultural como entidad que la dota de significado. Es el campo que percibe familiarmente, desde un saber cultural, y que remite más o menos siempre a una información clásica, impulsada desde una cultura moral y política. Reconocerlo supone dar con las intenciones del fotógrafo, comprenderlas mediante la cultura que se comparte, es decir que para dicha escuela el valor de la foto se da en este encuentro equivalente de fotógrafo y espectador. Aunque para Barthes, no es la foto documental la que le interesa, a pesar de su potencial crítico, en este caso dicha categoría nos permite realizar una primera aproximación al estudio del objeto. Para comprender mejor la presencia de los grupos que fueron representados en el objeto, es necesario intentar obtener información desde las fotos mismas.

Retratos: elecciones técnicas y estéticas
La primera elección en la confección del proyecto, según Diego Goldberg, editor general de fotografía diario Clarín entre 1996 y 2002, y creador y responsable del proyecto, se vincula a la idea que le propusieron y su contrapropuesta:
“Se acercaba el fin del milenio y en el diario se barajaba la idea de hacer algo para marcar el momento. La idea que prevalecía era hacer una especie de 100 años de historia de la Argentina, concepto absurdo a mi entender, además de aburrido y previsible. Elaboré entonces la idea de generar un proyecto fotográfico que fuera una especial de homenaje a los argentinos que íbamos a atravesar esa frontera virtual y que pudiera servir también como documentación para las futuras generaciones: quienes y como éramos los argentinos del año 2000”.
La cita de la entrevista da cuenta de una negociación con el diario, que concluyó en una buena colaboración con el mismo:
“Como te decía este proyecto salió de Fotografía y fue aceptado, después de arduas discusiones, por la redacción. Debo decir, nobleza obliga, que trabajamos con el apoyo total de la estructura del diario, sin interferencia alguna en cuanto a sujetos, temas o contenidos. La idea de los escritores, que escribieron sus “mensajes a las generaciones futuras”, también fue propuesta nuestra. Nos dejaron trabajar y entregamos el producto terminado.”
Otro aspecto de gran importancia se relaciona con la elección de elegir el formato anuario. En términos de Barthes la fotografía de prensa es un mensaje, cuyo canal de transmisión es un “complejo de mensajes concurrentes que tienen a la fotografía como centro, pero cuyo entorno está constituido por el texto, el titular, el pie de foto, la compaginación, y también, (...) la misma denominación del periódico” (1986, 70). Se puede afirmar entonces que la fotografía no se encuentra aislada, se relaciona con los textos por ejemplo con los textos que forman parte del anuario, la acompañan y la complementan. El objeto es amplio y complejo en la interacción de la gran cantidad de fotografías, epígrafes, textos redactados y publicidades que se intercalan. A efectos de este análisis sólo se tomarán algunos ejemplos porque de otro modo resultaría inabordable. Pero para retomar la cuestión del formato, no existe específicamente una historia acerca de los anuarios, que se encuentran a medio camino entre el álbum familiar (con lo que se propone completar el anuario en las hojas finales, volviéndose partícipe de la historia, pero desde lo privado de cada hogar), el anuario escolar de fin de curso y el documentalismo. Solo podemos decir que el mismo intenta mostrar lo más representativo de un año, y aún más en este caso se quiere mostrar a toda una sociedad.
La siguiente elección es el retrato, cuyo origen según Freund (1976) corresponde al ascenso de amplias capas de la sociedad a un mayor significado político y social. Existía una necesidad de hacerse valer de las capas burguesas y su reciente aumento de bienestar material, pero que no podían costear un pintor que los retrate, y por ello encontraron en el retrato fotográfico el sustituto adecuado al culto a la individualidad de la aristocracia.
Sin embargo aunque sea el nombre del anuario, no son propiamente retratos de individuos, sino fotografías de grupos. Para Freund (1976) la entrada de la fotografía en la prensa es un suceso de gran importancia, porque cambia la visión de las masas. Hasta el momento solo se podía visualizar lo que ocurría en la calle de cada hombre, pero con la foto se abre una ventana al mundo. Afirma la autora que “la fotografía inaugura los mass media visuales cuando el retrato individual se ve substituido por el retrato colectivo” (96). El Editor fotográfico Diego Golberg dice que
surgió la idea de hacerlo en forma de retratos grupales, más bien formales en lo estético, pero con la visión de cada fotógrafo en cada caso. Fuimos diseñando un plan de trabajo y definiendo los sujetos: queríamos atravesar clases sociales, lugares geográficos, edades, profesiones, etc. de modo de representar lo mejor posible la diversidad argentina”.
La decisión de  hacer retratos influyó en el reclutamiento de los trabajadores, dado que según Goldberg “el equipo base de fotógrafos salió de la gente de los suplementos, porque estaban más habituados / especializados en retratos. También hubo gente del diario que por interés o talentos pudimos incorporar (en esa época el staff estaba compartimentado)”.
Las fotos están todas acompañadas del nombre de su autor, y aún más en las últimas páginas hay una foto de todos los fotógrafos, productores y asistentes.
Respecto de las fotos en sí mismas, a pesar de la diversidad de fotógrafos hay dos lineamientos colectivos reconocibles que se destacan: las poses y la mirada a cámara. En primer lugar las poses “en situaciones” dan la sensación de que están fuera del tiempo, suspendidos en sus tareas. No hay una pretensión de “espiar” a los sujetos que continúan con sus actividades como si nadie los estaría observando. Hay una interrupción, y al mismo tiempo gracias a la mirada a cámara, una fuerte presencia del fotógrafo que los interpela. Hay un develamiento de la situación de toma fotográfica, dando cuenta de sus modos de construir su realidad y del dispositivo culturalmente codificado. Para Dubois,
simbólico de esta actitud es el trabajo fotográfico de Diane Arbus, que según el análisis que propone de Susan Sontag, haciendo posar deliberadamente a los modelos, por y en el código los lleva a develar su verdad. Es a través del artefacto, asumido como tal, de la pose, como los sujetos alcanzan su realidad intrínseca (...) “Arbus quería que sus modelos estuvieran enterados y fueran conscientes, en la medida de lo posible, de la acción a la que estaban invitados a participar. En lugar de intentar que adoptase una postura “natural”, o típica, les incitaba a mostrarse confusos- dicho de otro modo a posar” (Sontag, 1979, 48-49)” (1994 40).
Respecto de la pose, según Barthes “la fotografía no es significante sino en la medida en que existe una reserva de actitudes estereotipadas que constituyen elementos de significación ya establecidos” (1986, 73). Es decir que el repertorio corporal también esta estereotipado, y que la mayoría de las fotos tengan la misma pose, y la misma intención da cuenta de una puesta en igualdad de los sujetos.
Por otro lado hay una primacía del espacio geográfico y social. Se trata de fotografías de estudio en la minoría de los casos, o interiores y exteriores, vinculados a los oficios y actividades que se quieren representar.
Por último estéticamente parece respetar las recomendaciones que escribió Disderi en Estética de la Fotografía en 1862 que
definía las cualidades de una buena fotografía con ayuda del siguiente programa:
“1.Fisionomia agradable (!).
2. Nitidez general.
3. Las sombras, las medias tintas y los claros bien pronunciados, estos últimos brillantes.
4. Proporciones naturales.
5. Detalles en los oscuros
6. ¡Belleza!”” (1976, 64)

Dando cuenta de un estilo tradicional y convencional, que como afirma Goldberg son formales, no dan cuenta de ninguna transgresión, ni intención de romper un código.

Argentinos: una construcción de identidad
Como resultado de las elecciones y el contexto socio político, se obtiene el efecto de representación de una época, eso que debía quedar en la memoria de las futuras generaciones.
En la construcción de la identidad, habría una esencia del ser argentino. Algunos de los elementos dispersos que la componen serán comentados a modo de ejemplo.
En primer lugar, la foto de la tapa del Anuario es nada más y nada menos que el teatro Colón, símbolo y orgullo de la alta cultura. El público está de espaldas al escenario, remarcando nuevamente y con énfasis la idea de que la cámara está presente.
Con esta primer imagen perteneciente al mundo de las clases pudientes, se da comienzo al juego de pares de oposiciones como las clases sociales (que pone de manifiesto pero no cuestiona), pero también entre “la ciudad y el campo, en el trabajo y en momentos de ocio”, como comenta la secretaria de redacción a cargo de la revista VIVA, Silvia Fesquet, en la presentación del anuario.
Otro eje de contraposición es por un lado los famosos, es decir los presidentes, directores de cine, pensadores, actores, políticos, músicos, entre otros. Aquí importa el nombre, entra en escena el sujeto. Y por otro lado los no-famosos que representan categorías sociales generales: oficios, actividades, creencias y religiones. También aquí hay lugar para el desvío rehabilitándose: los adictos en recuperación y la cárcel. Estas imágenes parecen convocar a Freund hablando de las fotografías de Disderi, el fotógrafo como hombre de negocios, que adaptaba su profesión a la situación económica. En sus fotos desfilan “los representantes de todos los niveles y todas las profesiones de la burguesía y, detrás de esas estereotipadas imágenes, las personalidades han desaparecido casi por entero. El arquetipo de una clase social borra al ser individual”. (1976, 61).
La presencia de todos los personajes juntos en un solo objeto remite a un igualitarismo apolítico (Giroux, 1996). Se trata de una celebración  de imágenes, donde proliferan las diferencias y la noción del sujeto fragmentada, para crear una sensación de unidad en medio de un mundo cada vez más desprovisto de verdaderos discursos de comunidad y solidaridad.
Antes de continuar interesa detenerse un momento en los modos de representación y sus objetivos. En el anuario se presentan algunas fotografías vinculadas a la pobreza, un tema no menor a trabajar en la fotografía. Para Lourdes Grobet (1981) la miseria es una evidencia tal que es un tema socorrido para todo fotógrafo, pero no es suficiente una conciencia social para profundizar en una tragedia tan compleja. La actitud del fotógrafo es para la autora lo que puede determinar si las imágenes alcanzan a trascender la miseria y reivindicar a los fotografiados, o si se queda en la mera explotación visual de lo estéticamente rentable. Claramente excede al anuario hacer algún tipo de denuncia, pero tampoco podría haber cometido tal omisión de no representar la pobreza si se proponía mostrar a todos los argentinos.
Por otro lado interesa pensar la construcción de la identidad argentina a partir de un caso: el del campo y el Gaucho, como una figura de la tradición construida de manera selectiva.
Dice el anuario: "Solo un tango bien bailado y una pelota al pie dicen tanto de lo que somos como un gaucho vestido de fiesta". En esta frase se busca condensar esa esencia de lo argentino buscada. Sin embargo históricamente ha existido una disputa simbólica entre diferentes sectores por la apropiación y por la imposición de sentidos en torno a la figura del gaucho. Proponer al gaucho como modelo civilizatorio del país, de su progreso y esencia, solo era posible si se inscribía al gaucho en una tradición que lo ennoblecía y lo legitimaba,  si perdía sus características de rebeldía ante la autoridad, de desafío a la ley, de violencia individualista. El gaucho legítimo debía dejar de lado la vulgaridad, los vicios y encarnar las virtudes del trabajo, la patria y la sumisión al estado. El ejemplo es traído a consideración para comprender cómo se construyen estos símbolos de identidad, y como se busca sostenerlos, para mantener el orden social vigente.
Si bien podemos decir que hay una presencia de estereotipos de grupos sociales, es comprender que necesariamente van a estar presentes porque
los medios representan personas, objetos, y sucesos, con una determinada visión del mundo. Seleccionan algunos rasgos, y dejan otros de lado, se toman decisiones acerca de sobre qué y quién se va a mostrar, qué gente y qué sucesos, y cómo esa gente y esos sucesos serán presentados” (Quin, 1993:223)
Y el estereotipo sirve, por paradójico que parezca, para el establecimiento de la comunicación. Es decir se necesita poder partir de supuestos compartidos, un acuerdo sobre las maneras de representar, para poder transmitir una idea. En este sentido si bien el anuario trabaja con estereotipos, no se puede acusarlo de perpetrar prejuicios o estigmatizar a un grupo social determinado.

Algo debe cambiar para que todo siga igual. Algunas ideas y conclusiones.
Goldberg comentaba orgulloso que
el diario imprimió 1.500.00 ejemplares de este libro y los regaló a los lectores con el diario del Domingo. Creo que fué un hecho completamente inhabitual, seguramente único en el mundo del periodismo, aquí y en cualquier país. Una iniciativa periodística que honra a Clarín (puntualmente) a pesar de los desaguisados previos y sobre todo actuales”.
Al haber sido confeccionado previo a la crisis del 2001, es un cierre aún más representativo de los 90, y de lo que estaba por venir. La ideal final de este trabajo, es que más allá de que existe una cercanía temporal, 12 años, la situación argentina ha cambiado en profundidad, y el anuario sirve para evidenciarlo. Puede inducir a pensar que hay fotografías tales como las del 21 de Diciembre que estarían obligadas a estar. Que no podría ya pensarse una Argentina sin enfrentamientos políticos, sin los nuevos actores políticos (como por ejemplo Nestor y Cristina Kirchner) y mediáticos (el nuevo rol asumido por Clarín, que abandona sus pretensiones objetivas, y de representar una Argentina sin conflictos).
Retomando a Sontag, “Recordar es, cada vez más, no tanto recordar una historia, sino ser capaz evocar una imagen” (39). El rol del fotoperiodismo, debería ayudarnos a recordar, a evitar caer en cosificar y banalizar los hechos, comprendiendo la trama de la complejidad social. Reponiendo esas fotografías que quedan en la memoria, en su origen y motivaciones.
Con estos elementos, elecciones y consecuencias, queda dejado de lado el valor de la fotografía como espejo de la sociedad. La fotografía puede ser revolucionaria o acompañar el orden social. El anuario es conservador no solo en contenido, sino en planos y composición como dijimos, y da como efecto el mantenimiento del orden social, tampoco se trata de que se le haya pedido alguna otra cosa.


BIBLIOGRAFIA
   Bauret, Gabriel: “De la Fotografía”, Buenos Aires, La Marca, 1999.
Díaz, Claudio: El Nuevo cancionero. Un cambio de paradigma en el folklore argentino, en Costa, R. y Mozejko, D.: “Lugares del decir II. Competencia social y estrategias discursivas”. Rosario, Homo Sapiens, 2007.
Barthes Roland ,“El mensaje fotográfico” ; adapt. de Barthes Roland. ”Lo obvio y lo obtuso”, Paidós, Barcelona, 1986.
  Barthes, Roland: “La cámara lúcida”, Paidós, Barcelona, 1989.
Dubois Philippe ; “El acto fotográfico”, Paidós Comunicación/20. Paidós, Barcelona, segunda edición, 1994
Freund, Gisele: “La fotografía como documento social”, Gustavo Gili, Barcelona, 1976.
Giroux, Henry: Capítulo 1: Un cambio social arrollador: los colores unidos de Benetton, en “Placeres Inquietantes”, Barcelona, Paidós, 1996.
Grobet, Lourdes: Imagenes de miseria: ¿folclor o denuncia? (1981) en Jorge Luis Marzo (ed.): “Fotografía y Activismo”, Gustavo Gili, Barcelona, 2006
  Lechini, Gladys y Romero, Pedro: “La Argentina de los 90. Del milagro a la desilusión”. Presentación en el Seminario Internacional "Pro-Competition Strategy of Poland Development in Context of European Integration", realizado en la Academy of Management in Łódź, 26/27 de setiembre de 2002.
Quin Robin, “La representación y creación de estereotipos”, en La Revolución de los medios audiovisuales, Roberto Aparici compilador, Ediciones de La Torre, Madrid, 1993.
Sontag, Susan: “Ante el dolor de los demás”, Alfaguara, Buenos Aires, 2003.